Anoche. A las dos de la mañana. Fumaba un cigarrillo en mi cuarto y oía uno de los discos de Frank Zappa de mi padre cuando veo que mi celular empieza a vibrar: "Mariana casa", decía su tímida pantallita luminosa. Yo me emocioné, bajé el volumen y contesté.
Me eché en mi cama como una chica adolescente y esperé oír cosas bellas, oir "tequieros", oir todo aquello que quieres oir si te llama tu pseudo-novia a las dos de la mañana.
-(Llorando) Max, no te quiero hacer daño.
-¿Qué?¿Porqué? ¿QUE COÑO?
-Voy a ir a la fiesta de graduación con Osvaldo. Y sé que de alguna manera o otra terminaré en la cama con él. No sé cómo, pero lo sé. Seguro estaré ebria. o algo así.
Yo en este punto no entendía mucho. Primero que nada, me pregunté como coño terminé metido en historias de camas y fiestas de graduación. Yo. Un eterno fracasado, pajero y lector de cómics.
-Pero… pero… ¿Acaso no me quieres?
Bien, Max, usa el cliché, tu mejor amigo. Piensa en todas las películas en las que pasa algo parecido que has visto.
-Si… pero… sé que va a pasar. Es como nosotros con matemáticas, ¿Recuerdas? No importa si estudiamos o no, nos va a ir pésimo de cualquier modo.
-Pero, está en tus manos, maldita sea! No tienes que acostarte con él si no quieres.
-Ya no está en mis manos, Max…
-Puta mierda, Caro, no me hagas esto.
-Max…
-No puedes hacerme esto. No puedes hacerme esto.
-Te he hecho demasiado daño, no quiero volver a dañarte. Olvídame.
Seguimos asi durante un rato. Hablamos de el día antes. Cuando ella me besó con sus labios llenos de helado y chicle y nos sentamos bajo un árbol a decirnos que nos amabamos. Cuando ella decidió que quería ser mi novia. Cuando…argh, que sé yo. Comimos helados esnob y nos paseamos entre los emos y fumamos sus cigarrillos que eran una mierda.
Y ahora dices que lo mejor que puedo hacer es olvidarte. Después de siete meses buscando esto.
Mejor andate a la mierda, pendeja.